Cuando me quedo mirando al aire durante mucho tiempo
descubro que el aire no se mira,
que para que mi mirada recorra su camino hacia vos,
primero tiene que recorrer la mitad, y su mitad, y su mitad,
y Fermat no entiende nada si la matemática es
realidad o una cruel aproximación exacta
(paradoja estimulante, diría Julio)
de lo que recorre mi mirada de agnóstica de todo.
Lo mismo miro al aire,
y el maldito se resiste a ser mirado,
y gana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario