domingo, 30 de septiembre de 2012

No deja de caer agua del cielo


¡No deja de caer agua del cielo! Y todo es tan inercial, no sé si por el poco rozamiento de las ruedas del colectivo, o la lentitud que este factor provoca sobre la autopista. Y no todo es tan gris, hay muchas risas, una pareja de veinteañeros enamoradizos hasta-las-manos. Ella con la cara rechonchita, ojos grandes y sonrisa hermosa, de esas que parecen sinceras. Él, pequeño de cuerpo, sencillo, pelo corto y arito en la oreja. Y se miran, se quieren tanto, y él le dice algo que le causa a ella muchísima risa que se tapa de la boca con vergüenza, pero con una risa gigante que culmina en sonido (poco intencional) de cerdito, lo que provoca que se tuviera que tapar la cara contra el hombro de su enamorado. Al poco rato, él le dice algo
que no escucho, a lo cual ella replica “no me burles”, con voz de nena y mirada indignada de mentirita hacia un costado. Él la besa en el cachete pomposo, reparador de situación que culmina en un tierno beso de boca. Y son tan hermosos. Y se aman, estoy segura de que él ve el mundo a través de sus ojos.

No deja de caer agua del cielo. Una chica rubia está parada al lado de ellos, mirando a todos lados, con cara de vulnerable, o de que tiene calor aunque todos estemos muertos de frio. Mirada perdida de golpe, como recordando algo seco, en seco, como llenándoseles casi los ojos de lágrimas, quizá si un abrazo mio pudiera...

No deja de caer agua; pero yo escribo y escribo, y pasa la vida sin que estos recuerdos me toquen; yo sólo los pinto, los libero, y por ahí caminan.

Ser un perro



Un perro aparece y recibe caricias por el sólo hecho de estar ahí y ser un perro.
Un perro no necesita hablar para que los demás entiendan que es un buen tipo.
Un perro no discrimina, o lo hace sólo en pos de su satisfacción: si esto huele mejor que esto otro,
o si este humano acaricia mejor que el de más allá.
Un perro sólo sigue sus instintos, no le debe nada a nadie.

Porque sin la construcción del lenguaje,
¿pensaríamos en mañana, en si y entonces?
¿nos enredaríamos la mente con dilemas morales y complejidades abstractas?
¿Le dedicaría un perro un ínfimo instante de su vida a esa carburación inútil?
Voy a arriesgar y decir que no, que un perro trasciende toda esa sarta de boludeces, ya que éste sólo se dedica   ser un perro y hacer lo que quiere, con la seguridad de que no lo hace por compromiso sino porque  genuinamente le nace.

Un perro no tiene que enumerar sus razones para querer ser un perro, o una llama, o un lavarropas; sólo tiene  ganas y lo es. O se da cuenta de que no se puede, y se pone triste y pasa a otra cosa.

A un perro no le importa anotar sus ideas originales en una hoja de papel para que alguien más lo encuentre  divertido y así levantar su ego. Un perro no tiene ego, esa loca imagen de nosotros mismos a través de las  miradas de los demás.

Un perro puede salir desnudo a la calle, olerle cualquier parte del cuerpo a sus pares y hacer el amor en cualquier lado, y aún así no tener problemas con la ley ni con la sociedad.
Nadie le dice a un perro frases como "ya no nos comunicamos" porque la comunicación para un perro es eso mismo, caricias y miradas, no palabras y conceptos artificiales. Compañía, un perro no tiene que mostrar ningún tipo de cortesía y nunca conoció el sentimiento de "qué dirán". Cuando un perro hace algo, lo hace porque lo siente. Y ya.