martes, 28 de enero de 2014

poco a poco

poco a poco
te descascaraste
tus pieles fueron cayendo
y una pequeña luz,
una chispa
emergió de lo profundo
de tu humanidad

una luz tan linda,
tan bella, tan tuya
como si de pronto
no fueses más
un desconocido

de pronto
se hizo evidente
tangible, tan inevitable:

yo soy otro tú,

- -                     somos uno

lunes, 13 de enero de 2014

Terminó la función


terminó la función
y el teatro está vacío
negro, polvoriento

en soledad camino hacia el proscenio
y se inunda la sala de aplausos fantasmales

en un rincón tras bambalinas
recojo un disfraz pequeño de persona adulta
ya no me entra, las costuras están rotas.
Sigo explorando, en otro rincón
un reloj detenido a las 11:11 hs,
ahora.

El escenario me acoge como si fuera niña
pero el show terminó por hoy
y salís de él hecha paloma,
hecha mujer de mente salvaje
y esto es todo lo que queda
mi cuerpo, mi presencia,
un espacio oscuro, negro, eterno
a las 11:11 hs

nadie hay,
nadie responde por mí
soy la escena, el público, el director


los fantasmas también soy.


Me recuesto en el centro
los brazos tendidos a los costados
el ego travieso asomándose
tras bambalinas, esperando
a que alguien se acerque a validar
produzca un cosquilleo

pero no; calma
este es aún el show.

Me hago el amor
en medio del escenario
me toco, sagrada
plumas emergen
sólo yo; cómplice de lo que
sucede, de cómo se hace,
de lo que alberga mi sexualidad
cómplice que observa
sin juzgar
le alcanzo a mi ego
el disfraz de persona adulta
para sentirme sabia,
saberme protegida.

Lo soy,
lo estoy.

En el público una luz,
varias luces
son mis abuelos
que iluminan
los aplausos en silencio
y presencian
el destino de su legado
el hilo que condujo hasta aquí
sin juicio
sin ojos siquiera
sólo una leve sensación
de amor incondicional.

Recojo mi ropa
la desparramo sobre el piso
y corro, como Ami,
por la orilla del mar.
¡Más alto! ¡Más alto!
Si mi cuerpo quiere, de pronto
el límite es el cielo
o más allá,

y así es que soy luz
junto a ellos
me muevo hacia adelante
con expresión de gratitud

me enseñaron a vivir
este cuerpo
y desde el alma
les agradezco
los honro,
los respeto.

Saludo al público,
saludo a mí misma
vuelvo al proscenio
me recuesto
y muero
tranquila

jueves, 9 de enero de 2014

El restaurante

Puede que estés en un restaurante, y no te guste lo que estás comiendo. La carne seca, los fideos pasados, la ensalada mal condimentada; un desastre. Puede que te quedes un rato, viendo si al menos el postre merece toda esta movida, viendo si aparecen cámaras diciendo que era todo una gran joda. Puede que te quedes esperando, o que te vayas decepcionado sin dejar propina.

Sí, puede que hagas eso, o esperes, eventualmente te retires de la misma forma, más enojado quizá.

Puede también que un destello de luz se encienda en tu mente, y decidas caminar hacia la cocina, hacia el fondo del lugar. Tocarías la puerta con la mano, y te abriría el cocinero, o algún asistente. Cuando te abren la puerta, entendés. El cocinero está trabajando como puede, pero las herramientas son precarias. No hay mesadas, quizá, hay sólo tablas de madera apoyadas sobre banquitos. No hay cuchillos afilados sino tramontinas de hace unos años. No hay horno sino quizás algún fuego que han podido improvisar. Te sorprendés, la fachada del lugar parecía buena, quién hubiera dicho que detrás de eso uno se encontraría con semejante precariedad.

Mirás, atónito, este nuevo hallazgo. El asistente te ha abierto la puerta pero no te deja pasar, protege su territorio de forma casi ciega. Te pregunta qué querés, de no muy buena forma, quizás. Lo miras a los ojos. Miras al cheff a los ojos. Ves furia, estrés, molestia, mala actitud. Puede que veas sólo eso. O puede también que un destello de luz se encienda en tu mente, y veas también angustia, tristeza, soledad. Si esto sucede, sentís compasión. Querés ayudar, hacer algo, cambiar algo.

No te dejan entrar. Tienen miedo. Y si entraras, mucho no podrías cambiar sin la ayuda de ellos. Puede que hables con ellos, que los convenzas, que te dejen entrar. Que tus ideas les ayuden, les hagan bien. O puede que no, que sólo sientan rechazo, agobio, y te pidan que te retires. Te retirás pacífico del lugar; pagás y caminás a tu casa, a paso lento.

Puede que ese día sea uno más para el equipo de trabajo del restaurant. El cheff agotado va a su casa, los asistentes reciben su pago y caminan hacia su hostel, la camarera sigue vagando por las calles, todo puede suceder así, con un automatismo gris. Un día más para todos.

O puede que no.

viernes, 3 de enero de 2014

Siento


Me siento liberada
me siento
despierta
suelta
un poco triste, también

melancólica
pero siento.
Lo que sea que suceda,
lo siento