Fría, cáscara fría que
se le forma a veces a lo orgánico y que, sólo por ser orgánico,
debe esperar a la primavera para sacudirse la caspa
y volver a florecer,
empezando o terminando así tal vez el ciclo que es infinitos ciclos,
o uno solo.
Pero cuando la cáscara es
cáscara, es imposible no otorgarle esa identidad, ver cómo
atraviesa el cuerpo que, al cabo de una obstinada lucha se deja
vencer,
cae y entumece la
voluntad,
entrega resignada al sueño
de la felicidad
y la libertad térmica.
La libertad del desabrigo.
La libertad de la
recreación.
Todas, amarradas todas
por la fría, cáscara
fría
que sufre sin sentirla
sólo por la condenada
elección inconsciente
de no dejar nunca
de ser orgánico.
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