domingo, 30 de septiembre de 2012

No deja de caer agua del cielo


¡No deja de caer agua del cielo! Y todo es tan inercial, no sé si por el poco rozamiento de las ruedas del colectivo, o la lentitud que este factor provoca sobre la autopista. Y no todo es tan gris, hay muchas risas, una pareja de veinteañeros enamoradizos hasta-las-manos. Ella con la cara rechonchita, ojos grandes y sonrisa hermosa, de esas que parecen sinceras. Él, pequeño de cuerpo, sencillo, pelo corto y arito en la oreja. Y se miran, se quieren tanto, y él le dice algo que le causa a ella muchísima risa que se tapa de la boca con vergüenza, pero con una risa gigante que culmina en sonido (poco intencional) de cerdito, lo que provoca que se tuviera que tapar la cara contra el hombro de su enamorado. Al poco rato, él le dice algo
que no escucho, a lo cual ella replica “no me burles”, con voz de nena y mirada indignada de mentirita hacia un costado. Él la besa en el cachete pomposo, reparador de situación que culmina en un tierno beso de boca. Y son tan hermosos. Y se aman, estoy segura de que él ve el mundo a través de sus ojos.

No deja de caer agua del cielo. Una chica rubia está parada al lado de ellos, mirando a todos lados, con cara de vulnerable, o de que tiene calor aunque todos estemos muertos de frio. Mirada perdida de golpe, como recordando algo seco, en seco, como llenándoseles casi los ojos de lágrimas, quizá si un abrazo mio pudiera...

No deja de caer agua; pero yo escribo y escribo, y pasa la vida sin que estos recuerdos me toquen; yo sólo los pinto, los libero, y por ahí caminan.

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