terminó la función
y el teatro está vacío
negro, polvoriento
en soledad camino hacia el proscenio
y se inunda la sala de aplausos fantasmales
en un rincón tras bambalinas
recojo un disfraz pequeño de persona adulta
ya no me entra, las costuras están rotas.
Sigo explorando, en otro rincón
un reloj detenido a las 11:11 hs,
ahora.
El escenario me acoge como si fuera niña
pero el show terminó por hoy
y salís de él hecha paloma,
hecha mujer de mente salvaje
y esto es todo lo que queda
mi cuerpo, mi presencia,
un espacio oscuro, negro, eterno
a las 11:11 hs
nadie hay,
nadie responde por mí
soy la escena, el público, el director
los fantasmas también soy.
Me recuesto en el centro
los brazos tendidos a los costados
el ego travieso asomándose
tras bambalinas, esperando
a que alguien se acerque a validar
produzca un cosquilleo
pero no; calma
este es aún el show.
Me hago el amor
en medio del escenario
me toco, sagrada
plumas emergen
sólo yo; cómplice de lo que
sucede, de cómo se hace,
de lo que alberga mi sexualidad
cómplice que observa
sin juzgar
le alcanzo a mi ego
el disfraz de persona adulta
para sentirme sabia,
saberme protegida.
Lo soy,
lo estoy.
En el público una luz,
varias luces
son mis abuelos
que iluminan
los aplausos en silencio
y presencian
el destino de su legado
el hilo que condujo hasta aquí
sin juicio
sin ojos siquiera
sólo una leve sensación
de amor incondicional.
Recojo mi ropa
la desparramo sobre el piso
y corro, como Ami,
por la orilla del mar.
¡Más alto! ¡Más alto!
Si mi cuerpo quiere, de pronto
el límite es el cielo
o más allá,
y así es que soy luz
junto a ellos
me muevo hacia adelante
con expresión de gratitud
me enseñaron a vivir
este cuerpo
y desde el alma
les agradezco
los honro,
los respeto.
Saludo al público,
saludo a mí misma
vuelvo al proscenio
me recuesto
y muero
tranquila
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