domingo, 30 de septiembre de 2012

Ser un perro



Un perro aparece y recibe caricias por el sólo hecho de estar ahí y ser un perro.
Un perro no necesita hablar para que los demás entiendan que es un buen tipo.
Un perro no discrimina, o lo hace sólo en pos de su satisfacción: si esto huele mejor que esto otro,
o si este humano acaricia mejor que el de más allá.
Un perro sólo sigue sus instintos, no le debe nada a nadie.

Porque sin la construcción del lenguaje,
¿pensaríamos en mañana, en si y entonces?
¿nos enredaríamos la mente con dilemas morales y complejidades abstractas?
¿Le dedicaría un perro un ínfimo instante de su vida a esa carburación inútil?
Voy a arriesgar y decir que no, que un perro trasciende toda esa sarta de boludeces, ya que éste sólo se dedica   ser un perro y hacer lo que quiere, con la seguridad de que no lo hace por compromiso sino porque  genuinamente le nace.

Un perro no tiene que enumerar sus razones para querer ser un perro, o una llama, o un lavarropas; sólo tiene  ganas y lo es. O se da cuenta de que no se puede, y se pone triste y pasa a otra cosa.

A un perro no le importa anotar sus ideas originales en una hoja de papel para que alguien más lo encuentre  divertido y así levantar su ego. Un perro no tiene ego, esa loca imagen de nosotros mismos a través de las  miradas de los demás.

Un perro puede salir desnudo a la calle, olerle cualquier parte del cuerpo a sus pares y hacer el amor en cualquier lado, y aún así no tener problemas con la ley ni con la sociedad.
Nadie le dice a un perro frases como "ya no nos comunicamos" porque la comunicación para un perro es eso mismo, caricias y miradas, no palabras y conceptos artificiales. Compañía, un perro no tiene que mostrar ningún tipo de cortesía y nunca conoció el sentimiento de "qué dirán". Cuando un perro hace algo, lo hace porque lo siente. Y ya.

1 comentario:

  1. Sin palabras... gracias ser hermoso y maravilloso por compartir tan hermosa reflexión.. simplemente somos! Gracias! Puro AMOR! <3

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